Spanish Transcript - Episode 57: Becoming Jewish On the Web (Juan Mejia)


Translated by Teresa Padrón

Dan Libenson: Y aquí estamos hoy con un invitado fascinante. El rabino Juan Mejía, rabino residente de Be´chol Lashon, una organización dedicada a ayudar en el “crecimiento y fortalecimiento de los judíos a través de la inclusión étnica, cultural y racial”.  En diciembre pasado tuvimos aquí a Ruth Abusch-Magder, quien también trabaja para esta organización, la cual está realmente comprometida con la diversidad en el judaísmo y la vida del rabino Juan es un vivo ejemplo de lo que es la diversidad judía.  Y vamos a sumergirnos en su fascinante historia con lujo de detalle, pero por ahora baste decir que creció como católico en su nativa Colombia y con el tiempo se convirtió al judaísmo y se volvió rabino. Se ordenó del Seminario Teológico Judío (perteneciente al movimiento conservador) en el 2009. Juan es un activista y educador a favor de las comunidades judías emergentes en Latinoamérica, las cuales están formadas por personas que han decidido adoptar el judaísmo como forma de vida. Vive en la ciudad de Oklahoma, con su esposa y sus tres hijos y estamos realmente emocionados de tenerlo entre nosotros hoy en Judaism Unbound (Judaísmo sin límites). Bienvenido Juan, gracias por estar con nosotros.

Juan Mejia: Gracias, Dan, Gracias, Lex.

Dan Libenson: Bueno, creo que el mejor punto de partida es que nos cuentes un poco acerca de tu propia historia, pues considero que es poco común y creo que es, además, sumamente interesante e importante.

Juan Mejia: Bien, pues nací en Colombia hace 39 años en el seno de una familia católica de clase media. Mi padre es médico y mi madre era artista. Crecí con los privilegios de la clase media latinoamericana, que suelen incluir una educación en una escuela privada. En mi caso, era una escuela privada católica y elitista, dirigida por monjes norteamericanos. Así que mi educación fue católica. Y yo siempre fui alguien con una gran curiosidad espiritual, incluso en algún momento pensé que tenía vocación para el sacerdocio. Pero a los 15 años, descubrí que mi familia paterna tenía ascendencia judía y, se remontaba a una época muy distante, en España, pero algo de esas raíces había sobrevivido incluso hasta las generaciones más recientes. Mi abuelo recordaba que su abuelo se auto definía como judío y conservaba algunas prácticas que realmente no podía explicar de dónde venían. Y eso despertó mucho mi curiosidad.

Dan Libenson: Bueno, creo que el mejor punto de partida es que nos cuentes un poco acerca de tu propia historia, pues considero que es poco común y creo que es, además, sumamente interesante e importante.

Juan Mejia: Bien, pues nací en Colombia hace 39 años en el seno de una familia católica de clase media. Mi padre es médico y mi madre era artista. Crecí con los privilegios de la clase media latinoamericana, que suelen incluir una educación en una escuela privada. En mi caso, era una escuela privada católica y elitista, dirigida por monjes norteamericanos. Así que mi educación fue católica. Y yo siempre fui alguien con una gran curiosidad espiritual, incluso en algún momento pensé que tenía vocación para el sacerdocio. Pero a los 15 años, descubrí que mi familia paterna tenía ascendencia judía y, se remontaba a una época muy distante, en España, pero algo de esas raíces había sobrevivido incluso hasta las generaciones más recientes. Mi abuelo recordaba que su abuelo se auto definía como judío y conservaba algunas prácticas que realmente no podía explicar de dónde venían. Y eso despertó mucho mi curiosidad.

Así que me embarqué. Comencé a estudiar acerca de historia judía, de historia sefardí, que es la historia de los judíos en España, de donde supuestamente venía mi familia. Y cuando me gradué de la preparatoria, comencé a estudiar filosofía en la Universidad Nacional de Colombia y ahí entré en contacto con Maimónides, Spinoza,  Hermann Cohen y con toda la gran riqueza de la tradición filosófica judía, lo cual aumentó mi interés en el judaísmo.

En 1998 hice una pequeña pausa en mis estudios y me fui a viajar por Europa. Terminé pasando dos o tres meses en Israel. Para mí, esto fue una gran revelación, pues en Colombia, que es muy diferente al caso de Estados Unidos, hay una muy escasa presencia y cultura judías. No se escucha hablar Yiddish en la televisión, ni hay episodios que traten de Janucá. Lo único que la gente sabe de Israel es que el edificio con el domo de cobre es una sinagoga, pero eso es todo. Hay cerca alrededor de 3,000 a 5,000 judíos en un país de 40 millones de personas.

Y el hecho de ver que la vida judía en Israel es realmente vibrante, cultural, religiosa y lingüísticamente, me cambió el panorama y me condujo hacia una búsqueda espiritual intensa.

Cuando regresé a Colombia, comencé a profundizar en el judaísmo con ahínco. Y al final, me dije, “Este es mi hogar espiritual. Esta es la sabiduría que realmente debo seguir. Esta es una forma de vida que puedo abrazar. Satisface mi razón y me llega al corazón”. Y en aquel entonces, algo mucho más importante, “me vincula con la historia personal de mi familia.”

Así fue que decidí convertirme al judaísmo, cuando tenía casi 20 años. Y fue entonces cuando comenzaron a manifestarse muchos de los retos que ahora, como rabino, estoy enfrentando. En una cultura en donde los judíos no participan abiertamente de la vida nacional, un lugar con tantos problemas de seguridad como Colombia, que es la misma que viven casi todos los países de Latinoamérica, con mucha violencia urbana, secuestros, etcétera, y en donde la comunidad judía es muy cerrada, comencé a desarrollar mi propia observancia judía y a vivir mi propia vida como judío, casi al margen de la comunidad.

Es muy distinto a Estados Unidos. Es muy difícil, por ejemplo, que alguien que no pertenece a la comunidad, entre en una sinagoga a observar cómo transcurre el servicio religioso. Así que tuve que hacerlo casi solo. Buscar y encontrar gente que pensara como yo, tanto judíos como aspirantes al judaísmo, que me prestaran libros, que me permitieran participar en el Séder de Pésaj, hasta que me di cuenta que eso sería una situación insostenible por mucho tiempo si lo que yo realmente deseaba era hacer del judaísmo parte de mi vida.

Así que al terminar la universidad, decidí hacer mis estudios de maestría en un lugar en donde la conversión fuera posible. Y sólo había dos posibilidades, una era Estados Unidos y la otra era Israel. Solicité el ingreso a universidades tanto americanas como israelís y el primer lugar donde me dieron una respuesta favorable fue en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ahí hice una maestría en civilización judía y pude asistir a servicios religiosos, ir a clases y ver cómo funcionaba una yeshivá.

Me convertí, me inscribí en la yeshivá conservadora  que es un centro líder en desarrollo de estudios de Torá en Jerusalén. “”””” Ahí conocí a mi esposa, que es norteamericana. Y este es como el primer capítulo de mi historia judía. Nunca imaginé volverme rabino, yo quería continuar trabajando en lo académico, pues soy un devoto de la filosofía, en especial a la filosofía judía, pero hubo algo que me hizo despertar de mi auto complacencia y me llevó al trabajo que ahora realizo como rabino.

Dan Libenson: ¿Cómo pasaste de graduarte de la maestría en la Universidad Hebrea a convertirte en un rabino conservador?

Juan Mejia: Bueno, fue culpa de mi casera. Cuando nos casamos, decidimos quedarnos en la yeshivá conservadora un año más y seguir estudiando, lo cual no era muy distinto a la vida de un filósofo. Así que rentamos un pequeño apartamento en Katamon y la dueña era americana. Un día que fui a pagar la renta, me sentó, me ofreció té y lo primero que me preguntó fue: “¿cómo es que hablas tan buen inglés? No tienes acento colombiano.”  Y yo le respondo: “Ah, es que estudié en una escuela católica en donde nos enseñaban inglés, monjes de Dakota del Norte.” Y me respondió: “¿De verdad?” “¿Cómo es que un buen muchacho judío como tú pudo haber ido a una escuela católica?” Y le dije que no había nacido judío. Le conté mi historia y me dijo: “Es un muy buena historia. Quiero entrevistarte:” Y me entrevistó para  el Sokhnut, la egencia judía, una especie de PR!”·$%&/(&?=. Presentan a alumnos de diferentes instituciones académicas en Israel en las yeshivot.

Al mes siguiente, cuando volví a pagar mi renta, me dijo “tengo algunos correos electrónicos para ti.” “¿De qué me habla?”, “son de tus ´fans´”, me dijo.

La razón de esto fue que, estas noticias, desde que aparecen en el sitio de la Sokhnut, son publicadas en hebreo, español, inglés, francés, así que mi historia acerca de haber hallado mis raíces judías, volver a ellas y apegarme a la Torá en Jerusalén, parecen haber tenido mucho éxito en el internet en Latinoamérica.

Y los correos electrónicos que me reenviaban eran todos del tipo: “Me llamo Mario. Me gustaría llamarme Moshe. Amo la Torá, amo Israel y amo al pueblo judío, pero estoy en Guatemala, nadie me presta atención.”  O como este:  “Me llamo María.  Mis ancestros encendían velas en el closet y me encantaría volver a ese conocimiento ancestral, pero vivo en un lugar donde no hay judíos.”

Estos eran los dos grandes panoramas que se repetían en los correos. Ya sea gente totalmente aislada (“Vivo en un pequeño pueblo de los Andes en Perú, y no hay judíos. No tengo dónde aprender. No hay comunidad.”)  O, el caso más común, personas de ciudades grandes, con acceso a internet (aunque hace diez años el internet no era lo que es hoy), gente medianamente ilustrada, quienes podían acceder al sitio de la Agencia Judía y leer mi historia y que me decían: “Mire, realmente me interesa el judaísmo” ya sea porque “lo amo, creo que es verdadero, creo que es hermoso” o, “creo que mis raíces son judías, pero no puedo hacer que la comunidad judía local me acepte.”

Y mi esposa, quien es una rabina mucho muy inteligente, aunque en ese entonces aún no era rabina me dijo: “Mira, hemos estudiado juntos el Pirke Avot, (la ética de los padres), y ahí dice que ‘en donde no hay un hombre, tú seas ese hombre.’ ” Es una gran enseñanza de Hillel (el Hillel de la Mishná). Y esas palabras me llegaron al corazón. Ella me dijo: “Mira, este problema, el de las comunidades, es un problema rabínico. Los rabinos que ahí existen no pueden o no quieren comprometerse con estas personas, así que tú serás el rabino de estas personas y más tarde obtendrás tu doctorado en el Rambám, (Maimónides). Por ahora, creo que debes escuchar el llamado de convertirte en el puente entre la élite judía y los judíos de la periferia que el internet está creando.”

Y en verdad…. No podría resaltar con precisión hasta qué punto esta revolución espiritual está ocurriendo en internet. Cuando me convencí de que tenía un interés real por el judaísmo, fui a la biblioteca de mi universidad y revisé todos los libros que había sobre judaísmo. En Colombia, la biblioteca de la universidad nacional es la más grande del país y sólo había siete libros del tema. Y fue sólo a través de internet, que en esa época apenas comenzaba, en los noventa, que pude vivir una suerte de judaísmo en solitario. Y eso fue lo que hice mientras viví en Colombia. Todo fue a través de internet.

Y hoy en día, debido al auge del judaísmo en la red, se están creando más sitios y recursos para aprender y, lo más importante, el internet está haciendo posible que esta gente que vivía su judaísmo de manera aislada, hallen una comunidad, incluso si es sólo virtual. Tengo alumnos incluso en medio de los Andes que viven su judaísmo casi totalmente de manera virtual. A través de Facebook, Yahoo Groups, a través de cualquier herramienta disponible, encuentran a otras personas con sus mismos intereses y crean comunidades.

Tengo un mapa de las comunidades emergentes en Latinoamérica. Existen cerca de 100 comunidades documentadas. Todas ellas surgieron en internet. El internet es una pieza clave en lo que a conversiones respecta en general, y en cuanto a conversiones al judaísmo, particularmente. Porque no sólo se trata del judaísmo. La migración religiosa es un elemento central dentro de la espiritualidad contemporánea.  El Pew Report de hace dos años dice que el 50% de los norteamericanos muere bajo una religión distinta a la cual nacieron. Uno de cada dos.

Latinoamérica ha ido siempre un paso atrás en cuanto al fenómeno cultural y espiritual. Lo veo con mis compañeros de generación. Sigo en contacto con mis amigos de preparatoria. Fuimos 108 los que nos graduamos. Sé quién se volvió evangélico, quién secular, quién se volvió ateo secular. Sé quién está incursionando en el budismo ye n la meditación trascendental. Y estoy yo y otro que dice “Tal vez este sea el camino para mí.” También las conversiones al Islam, al hinduismo y al budismo están a la alza.

La pregunta es, ¿puede la comunidad judía alcanzar a estas personas que buscan acercarse desde fuera?

Dan Libenson:  Juan esto es fascinante. Tenemos un millón de preguntas que hacerte después de lo que acabas de decirnos, pero antes, para hacer un pequeño puente en tu historia, ¿podrías decirnos cuándo te graduaste del Seminario Teológico Judío y qué hiciste inmediatamente después? ¿Y qué es lo que haces actualmente?

Juan Mejia: Bueno, me ordené como rabino en el 2009. Mi esposa y yo estudiábamos juntos. Ella se ordenó 20 segundos antes que yo, así que debo escuchar todo lo que me dice. Es por orden alfabético. Ella es Jacobson, yo soy Mejía, así que ella fue antes. Luego ella obtuvo el puesto de rabina en la comunidad de Oklahoma City. Así que nos mudamos ahí en el 2009. He estado ayudando en la sinagoga desde entonces. Hoy soy el director educativo en su sinagoga. Pero también desde entonces por las noches, los fines de semana y entre semana, y en los veranos, me he consagrado a este trabajo de acercamiento con las comunidades emergentes y lo hago a través de Be’chol Lashon, básicamente por internet, pero también viajando frecuentemente a esas comunidades, visitándoles y ofreciéndoles servicios como rabino. Así que eso es lo que he estado haciendo en los últimos ocho años.

Dan Libenson: ¿Puedes contarnos un poco más? ¿Quiénes son estas personas que se están acercando a ti? ¿Qué es lo que buscan y qué es lo que tú hacer por ellas?

Juan Mejia: Bien, creo que esta charla dará un pequeño giro. A principios de 2008 o 2009, había mucha gente que creía tener raíces judías. Estas personas son llamadas “anusim”, o “marranos”, aunque este último término es despectivo. Son los judíos conversos, es decir, gente que anhela volver a la fe y tradiciones de sus abuelos y bisabuelos. Este era el panorama para estas comunidades en Latinoamérica al inicio de mi trabajo, recién ordenado como rabino.

¿Cómo es que me encontraron? A través de internet. Habían escrito algo sobre mí en Haaretz, en el Jewish Week y en un periódico uruguayo. Y si tecleas la palabra “rabino”, “anusim” y “marrano”, aparece mi nombre.

Así que en el 2009 decidí abrir un sitio en internet para enseñar Torá. Me dije, “Voy a enseñar la porción bíblica semanal (parashat hashavua), tal como la leen en las sinagogas en Shabat. Y también daré clases de Mishna (la Ley oral judía). Soy estudiante del seminario rabínico, y estas clases serán en español.”  Porque me di cuenta de que había una necesidad de estas comunidades, Hay muchos sitios para estudiar Torá en Inglés en la red, y aunque muchas de estas personas entienden bien inglés, hay muchas otras que carecen de esta habilidad y eso es un gran impedimento.

Así que mi meta era, y creo que es la única meta que he seguido desde el principio de mi carrera como rabino, la de crear un buen sitio donde estudiar Torá en español, que estuviese al alcance de todos y que tomase en cuenta la realidad de las comunidades en donde la gente vive y se desarrolla.

Mucha de la enseñanza de la Torá en línea, es producida desde la perspectiva de la comunidad de la que surge. Me explico. Si soy un rabino de Long Island y tengo un blog, ¿cuál será mi público? La gente de ahí mismo, la que acude a mi congregación y si quiero ser un poco más emprendedor, tal vez quiera expandir mi audiencia a nivel nacional. Lo mismo pasa con el público de hablas hispana. Los principales centros de estudio de judaísmo en español están en Argentina, en México y en Jerusalén. Y la mayoría de estos centros son ortodoxos o ultra ortodoxos y reflejan los valores de estas dos perspectivas.

Lo que yo me di cuenta que se necesitaba era: Una Torá que le hablara a la gente que no tiene acceso a una sinagoga, ni a instituciones judías. No es sólo el hecho de que mis clases son en español, sino que siempre estoy al tanto de los aspectos de la Torá que más deben explorar por sí mismos, si van a convertirse al judaísmo y a ser parte del pueblo judío.

Y en el 2007 tuve esta gran conversación con uno de mis primeros estudiantes, un chico de Colombia.  Así que durante un motzei Shabat  (sábado por la noche, después de Shabat), texteando con mi alumno, le escribo: “Shavúa tov “ (deseo de un buen inicio de semana) y le pregunto ¿cómo estuvo tu Shabat? Y él responde: “¡Shabat estuvo terrible!” “¿Cómo que terrible?”  Y me dice: “El director de la pequeña javurá (grupo de estudio a la que este joven pertenecía) se llevó el Siddur (el libro de oraciones)”  y yo le pregunto: “¿cómo que el siddur? ¿Sólo hay uno?” “Sí, sólo tenemos uno”, me responde.

“Pero, ¡¿cómo que solo tienen uno?! Eso es ridículo. Yo puedo enviarles una caja llena de siddurim. Yo trabajo en la biblioteca del seminario teológico judío. Tengo toneladas de cosas que van a ser guardadas (genizahed) si nadie las usa… libros sagrados que ya no son usados pero que no pueden destruirse o desecharse porque en ellos está escrito el nombre de Di_s.”

Y él me contesta: “Ah, sí, bueno, pues muchas gracias, pero ¿sabe qué? El libreo que usted me ofrece está en hebreo. Aún no leemos en hebreo. Además, la traducción es al inglés, lo cual tampoco ayuda y es Ashkenazi, (es decir, que está escrito según el enfoque de los judíos de Europa del Este) y nosotros somos una congregación sefardí, (es decir, nos basamos en el enfoque de los judíos de origen español).”

Y me dije: “¡Ay! ¿Qué debo hacer? Así que la primera idea que se me ocurrió y que dio pie al trabajo que he venido haciendo desde hace una década fue la de que necesitaba crear un Siddur en español, con su respectiva transliteración del hebreo, que siguiera la tradición sefardí y que pudiera estar al alcance de todos.”

“Así que durante el siguiente año y medio, me puse a trabajar y creé el siddur, al que llamé Kol Tuv Sefarad, (Toda la riqueza, todo el bienestar de España), el cual me pareció un lindo nombre. Así nació este Siddur en PDF, traducido al español, con su transliteración del hebreo, comentado y especial para Erev Shabat (viernes por la tarde), pues me di cuenta que ese era el servicio en el cual estaban más interesados estos Havurut, (grupos de oración).  Y lo subí a internet. Y dije: ‘Lo pueden descargar gratis, pueden fotocopiarlo las veces que quieran, siempre y cuando no cambien nada de él y no lo vendan’.”

Y así, a través de internet, la gente comenzó a acercarse y a decir: “Nos encantó el Siddur, muchas gracias. Realmente nos ayudó.  Queremos estudiar con usted, rabino.” Así que comencé a dar clases por internet cada domingo. Judaísmo básico. Y poco a poco más gente se fue uniendo al grupo.  Una vez que creas público en internet, corre la voz rápidamente. Yo inicié con un grupo de personas que estudian conmigo regularmente.

Y entre estas personas, había un grupo de gente de una ciudad colombiana, junto al mar, en Santa Marta.  Me dijeron:  “Nos encanta tu Torá. Realmente creemos que tú eres el rabino que necesitamos. ¿Nos prepararías para la conversión?” y les dije: “No sé… una escuela rabínica… No sé cómo se hace esto, nunca antes se ha hecho. Esperemos un poco más”.

Pero yo he aprendido más con ellos. Un día que fui a Colombia a visitar a mi padre, quien aún vivía, fui a visitar a esta gente y vi cómo vivían y me robaron el corazón y les dije: “¡Ustedes son fabulosos! Ustedes han estado estudiando solos, por su cuenta, desde hace seis o siete años!” Así que decidí ser su rabino.

Les dije: “de verdad, quiero guiarlos en su proceso de conversión.” Así fue como iniciamos con esta comunidad emergente de Santa Marta, un programa piloto y después de dos años y medio de estudiar cada semana durante cuatro o cinco horas, pensé “Ya están listos.” ¿Por qué tanto tiempo? Porque es un judaísmo del tipo hágalo usted mismo. Esta gente no tiene una sinagoga establecida con siddurim impresos. Nadie sabe cómo conducir el servicio ni los rezos. Así que tenemos que empezar de cero y darle a esta gente las herramientas para ser autónomos, aun cuando tengan mi apoyo y mi guía, yo estoy muy lejos de ellos. Así que necesitan un nivel de autonomía que la mayoría de  las comunidades emergentes no tienen.

Y esto fue lo que sentó el precedente del tipo de trabajo que yo hago. Sólo trabajo con cuatro pequeñas havurot  y en verdad, no puedo hacer más, pues se requiere de mucho trabajo y de mucho esfuerzo. Pero la periferia de mi trabajo, es decir, la Torá que me está permitiendo crear en español a través de internet y las redes (vínculos) que he podido crear, son invaluables. Mucha gente me dice: “Mire, nos gustan mucho sus clases, pero queremos ser ortodoxos y usted no es un rabino ortodoxo.”  Les contesto, “Y lo entiendo, soy consciente de que no soy un rabino ortodoxo, pero trataré de ponerlos en contacto con un rabino que pueda ayudarlos.”  O quienes me dicen, “de verdad nos gustan sus comentarios semanales de la parashá, pero somos reformistas.” Y les digo, “muy bien. Los pondré en contacto con un colega en quien confío y quien puede ayudarlos en el camino.”

Lex Rofes:   Hay un tema acerca de tu vida en el que me gustaría ahondar un poco más. Tú rompes obstáculos. Has hablado de barreras lingüísticas, obstáculos comunales, etcétera. Por ejemplo, un obstáculo lingüístico  sería el que la gente no puede acceder a un texto porque no entiende el idioma en el que está escrito. Un obstáculo comunal sería cuando alguien no puede acercarse a una comunidad porque es visto como extraño y están también las barreras geográficas, cuando la gente vive en lugares que simplemente no tienen acceso al judaísmo. Pero tú has formado una comunidad virtual en donde has podido sortear esos obstáculos. Y aquí me gustaría detenerme un poco y preguntarte, ¿qué otro tipo de obstáculos has debido de enfrentar que han representado un reto para ti? ¿Te has topado con gente reticente al tipo de conversiones que realizas? Hablaste de una cierta oposición hacia el trabajo virtual. Me encantaría escuchar más de eso porque tengo la sensación de que hay aún más obstáculos que estás ayudando a vencer de los que hemos mencionado hasta ahora.

Juan Mejia: Así es, algunos. El proceso de conversión a distancia es un tema escabroso. El status quo rabínico de cualquier movimiento no se siente muy cómodo con ello. Me ha llevado casi una década convencer a mis colegas de que esto puede hacerse. Este trabajo trae sus bendiciones… también es como hacer un poco de trampa, pues uno rompe con las fronteras, los límites, la periferia y eso es siempre peligroso, ¿no crees?

En el viejo oeste, por cada ranchero que hacía el bien, tenías otros veinte “tipos malos”. Por eso en la periferia las cosas se vuelven un poco ambiguas, y como estamos haciendo algo nuevo, no tenemos el beneficio de la experiencia. Así que ha habido resistencia, pero creo que se está acabando.

Una vez que el internet se ha vuelto más persuasivo y el liderazgo típico judío recae sobre la generación “X” y sobre los “Millenials” y sobre gente para quien el internet es algo natural, se vuelve más fácil persuadir a las personas. Podemos tener una conexión espiritual muy profunda a través de internet.

Existen las limitaciones pero, verás, yo he visitado personas en el hospital desde WhatsApp. Y WhatsApp es lo que se usa en América Latina. Acá en Estados Unidos usamos el FaceTime. Yo he recitado el Viddui  (la confesión judía antes de morir) con personas moribundas en los hospitales a través de FaceTime. Donde yo vivo, no hay otro rabino en 500 kilómetros a la redonda. Soy su rabino, están agonizando. Me conecto a FaceTime y recito Viddui con ellos, y les “sostengo” la mano a través de internet, y lloro con ellos y la experiencia no es menos religiosa o profunda que si estuviera con ellos en persona.

Otro obstáculo ha sido el de intentar definir qué es una comunidad judía. Y el mejor ejemplo de esto surgió recientemente. A comienzos de este año, estaba ayudando a una de mis comunidades en Venezuela, personas maravillosas, he trabajado con ellos desde el 2011. Su aliyah conversión fue el 2014. Al poco tiempo, lograron integrarse a una de las comunidades establecidas en Venezuela. Ya no tenían que hacer su propio servicio en casa, aunque estaban acostumbrados a ello, se les presentó la oportunidad de asistirá una de las sinagogas. Así lo hicieron, pero de pronto las cosas en Venezuela comenzaron a empeorar así que dijeron. “¿Saben qué? Estoy harto (a) de que mi niño coma sólo una vez al día y quiero hacer, (emigrar a Israel).”

Y el Ministerio del Interior en Israel dijo que no podían hacer aliyah, sin razón aparente. Su argumento fue el de que no se habían convertido en una comunidad establecida. O sea, no era por causa del rabino, pues afuera de Israel, los rabinos de cualquier denominación pueden hacer que sus conversos emigren hacia Israel. No era que el proceso estuviese mal. El Ministerio del Interior dijo “Ustedes son judíos, pero el esquema está equivocado. El marco en el que deben convertirse es el de un lugar que ya sea judío.”

Pero esa es una limitante que está volviéndose obsoleta rápidamente. La gente que vive fuera de la red social de las comunidades judías establecidas, hallarán muy atractivo nuestro mensaje. Tenemos el más hermoso ejemplo de esto. La comunidad judía de Uganda. Mi rebbe (maestro rabínico) y uno de mis colegas, el rabino Gershom Sizomu, todos ellos se convirtieron en el 2000. Tienen una Yeshivá, seis sinagogas, un hospital A través de sus acciones. Han reducido el número de muertes por malaria en su localidad de 2000 a 0, Kiddush Hashem , santificando el Nombre de Dios y santificando el nombre de los judíos. Hermosa comunidad. Y no fue sino hasta principios de este año que el gobierno israelí les concedió el estatus de comunidad reconocida. Así que, el tema del reconocimiento y de quién tiene autoridad para declarar que tal o cual comunidad pertenecen al pueblo judío es algo aún inestable. Sin embargo, es un tema del que debemos discutir pues el judaísmo está resonando con fuerza en los lugares más remotos e imaginables y en lugares que no podemos controlar.

Y el tercer obstáculo, que es el que, en mi opinión, hace más fascinante este trabajo, es el obstáculo de la etnicidad. Porque (y esto es lo que me hizo dar un gran giro a mi trabajo),  es el hecho de que al principio, yo estaba muy enfocado en los anusim, los descendientes de las personas que fueron obligadas a convertirse al catolicismo en España. Y mientras realizaba trabajo de investigación e iba conociendo gente en el camino, me di cuenta de que la mayoría de la gente con la que estaba trabajando tomaban esto como una especie de signo de identidad, algo que diera autenticidad a sus relatos acerca de su judaísmo, para justificar este hecho ante sí mismos, y que, por otro lado, estaban desempacando muchas cosas, pues la historia de los anusim, la historia de la Inquisición española, la del exilio español, es muy dolorosa. Y comencé a darme cuenta que la gente estaba instalada en el dolor, entonces me dije: ¿realmente me importa que esta gente descienda de judíos de España? Si pudiese regresar el tiempo a 1491, ¿les estaría haciendo un favor? Ya no viven en España, sino en América Latina, ¿debe su judaísmo enfocarse en el pasado o debería estar encaminado hacia el futuro?

Y lo que concluí de esa conversación conmigo mismo fue que no me importaba si la gente descendía de judíos o no; de que la cuestión de la etnicidad, si existía, era tan distante que no afectaba más la vida de las personas y que yo no quería que continuaran cargando con ese dolor.  Lo que yo quería hacer con la gente en Latinoamérica era crear un judaísmo al margen del etnicismo. Un judaísmo que no fuese ni sefardí ni ashkenazí, sino mexicano, colombiano,  etcétera. Esta gente está utilizando las herramientas de la Torá y las están adaptando a sus propias necesidades y están creando un judaísmo que les acomode, y eso no tiene nada que ver con lo étnico,

Lex Rofes: Has utilizado el pronombre “nosotros”, muchas veces, pero también, has usado el de “ellos”. Lo que me queda claro es que el trabajo que tú estás haciendo, tú, en particular, no podría hacerlo alguien que no haya vivido en carne propia esta situación. Alguien que no compartiera un contexto cultural común o no entiendara una serie de problemas que no son comunes a todos los judíos de Sudamérica y que esto te ha dado un contexto amplio para realizar tu trabajo y esto me remite a un tema que ya hemos tocado en nuestro podcast , y que es el hecho de que la gente parece tener más éxito en lograr su objetivo cunado se enfocan en problemas que ellos mismos han tenido, es decir, en sus propias experiencias.

Lo que quiero decir es, tú has hablado acerca de tus propias luchas con la religión cuando eras joven, y de cómo has llegado hasta donde estás de una forma increíblemente inspiradora, ayudando a las personas a tener un maestro, alguien que los guíe a través de esas mismas luchas que tuviste que sortear solo. Así que me gustaría resaltar este hecho. Y también, para redondear esta conversación, me gustaría preguntarte, ¿hasta qué punto crees que tu trabajo proviene de un profunda experiencia personal y de tu propia historia y hasta qué punto no es así?

Juan Mejía: Cuando yo comencé mi viaje spiritual, sufrí mucho la falta de acceso a cuestiones relacionadas con el judaísmo. Y fui bendecido pues, a pesar de las limitantes, también poseía las herramientas necesarias para acceder a él: podía leer en inglés, poseía los recursos académicos que me permitieron viajar a Israel, entre otras cosas. Y eso es lo que impulsa mi trabajo como rabino. Los obstáculos que enfrenté para acceder al judaísmo me inspiran para crear un judaísmo accesible y, sobre todo, para crear comunidades accesibles.

No creo que esta sea la única fuente de empatía. Hay otros rabinos haciendo este tipo de trabajo y son rabinos americanos ashkenazís y también en Israel hay rabinos haciendo esto mismo, rabinos sefardís. Y su inspiración se nutre de otras fuentes, no necesariamente de su historia personal.

Lo único que me gustaría advertir, debido a que este es un hermoso trabajo, es que, cuando te encuentras en una comunidad con personas que aman el judaísmo, creces espiritualmente de manera increíble. Pero en otros lugares, durante los últimos 20 años, ha sucedido algo que yo podría llamar como “colonialismo espiritual”.  Gente que se ha acercado a las comunidades sin tener ningún conocimiento previo de su cultura, ni de cómo funciona la sociedad de esos lugares y les han ofrecido un judaísmo que les es absolutamente ajeno, extraño. Y algunas veces ha funcionado y otras no.

Pero cuando yo hablo con mis colegas rabinos acerca de mi trabajo con las comunidades emergentes, y con comunidades judías de la periferia, siempre les advierto: “Esto es maravilloso. Apóyenlo. Abran las mentes de sus congregaciones o de sus organizaciones a la posibilidad de un judaísmo que se reproduzca a sí mismo, (y utilizo una metáfora), no a través de la reproducción sexual, sino de las esporas”.

Y así está sucediendo hoy en día. El judaísmo está reproduciéndose a la manera tradicional, pero también contamos ahora con el internet, este elemento disruptivo  que está generando un judaísmo “de esporas”, en el cual se hallan pedacitos de Torá volando por todas partes y que luego aterrizan y la gente se reúne en torno suyo, los recoge, los acomoda y los adopta. Pero si te vas a involucrar en esto, asegúrate de hacerlo desde una perspectiva amplia y abierta.

Dan Libenson: No debe sorprendernos que en el mundo haya muchos menos judíos que no judíos, y es muy probable que a gran parte de los gentiles que tienen un cierto interés en el judaísmo les atraigan más por las formas tradicionales de éste que a los propios judíos. Y sólo hay que ver los porcentajes para darnos cuenta de ello. Y por eso es interesante si lo pensamos de este modo. A las personas que les preocupa la longevidad del judaísmo tradicional harían bien en voltear a ver cómo, en muchos países y culturas diferentes, hay gente a la que le interesa una versión más tradicional del judaísmo. Pero tal parece que esta gente visualizara al judaísmo como una cuestión étnica, como una familia. Mucha gente se enorgullece, por ejemplo, en la idea de que el judaísmo no haga proselitismo. Y, en cierto modo, lo que tú describes es una forma de proselitismo accidental, ¿no es así? Quiero decir, Por el simple hecho de hacer accesible el material a través de internet, la gente comienza a interesarse.  Y una vez que se acercan a ti y manifiestan su interés, deja de ser proselitismo. Si existen más chinos queriendo convertirse al judaísmo que la cantidad de judíos que hay en la actualidad en el mundo, lo cual es muy factible debido a la sobre población china, ¿qué pasaría? ¿Tú qué piensas de eso? Y, ¿cómo hablas de esto con la gente que está habituada a pensar en el judaísmo en términos más tradicionales?

Juan Mejia: Creo que la mejor manera de abordar la acusación de proselitista que tan frecuentemente se me hace, es a través de la película “Contact” con Jodie Foster y Mathew McConaughey. Enviamos mensajes al espacio, ¿no es así? De eso trata la película. Hemos estado transmitiendo un mensaje a los extra terrestres, desde hace tiempo y ¿adivinen qué? Alguien escuchó, y ahora quiere ponerse en contacto con nosotros.

Eso es, o una espora, o hemos estado transmitiendo y no ha sido intencional. Yo realmente creo que… esos rabinos que tienen blogs y los alimentan para su grey, y lo hacen para lo que consideran como una extensión del pueblo judío,  ha sido un efecto colateral desde que los judíos les dio por entrar a la red.

Una de las cosas fabulosas de trabajar para Be’chol Lashon es la de que me ha permitido estar en contacto con otros “Juanes” (las personas de África que están haciendo lo mismo que yo en Kenia y en Uganda) Gershom Sizomu es uno de mis rebbes, uno de los rabinos más maravillosos que conozco. También la gente que está haciendo lo mismo en Asia, en las Filipinas. El lema de Be’chol Lashon es “somos un pueblo global”, pero solemos olvidarlo.

¿Por qué solemos olvidarlo? Porque justo en este momento de la Historia estamos viviendo un proceso de “de diasporización”, si es que puede llamársele así. Somos un pueblo global porque nos hemos dispersado por todo el mundo, hemos creado un judaísmo extremadamente rico y diverso pero ahora estamos viendo que una especie de fuerza centrípeta está atrayendo todo e nuevo hacia dos grandes ejes: Estados Unidos e Israel. Todos los otros lugares quedan fuera, en la periferia.

Mi anhelo es el de que pasemos de ser una comunidad global a ser una religión global, con los recursos que tenemos a la mano ahora mismo. Ambas son cosas muy distintas. Ser una comunidad global significa tener a judíos de un mismo origen que se dispersaron  y ahora están en todas partes. Pero ser una religión global quiere decir compartir los mismos valores, historias, rituales los cuales se repiten en todo el mundo, con sus pequeñas variaciones, sin que esto tenga que ver con la cuestión étnica. Pero sigo pensando que el ideal es que todos los miembros de la religión judía pertenezcan al pueblo judío. Esa es la definición que tenemos de judaísmo. Y yo no quiero alterar esa visión.

Dan Libenson: ¿Qué pasaría si yo fuera un rabino ortodoxo y me enterara de que existen cerca de 100 millones de no judíos que buscan desesperadamente convertirse al judaísmo y todos podrían ser ortodoxos? No creo que dejaran pasar esa oportunidad pues hay algo profundamente arraigado en su idea de lo que significa ser un judío ortodoxo. Para ellos significa que tienes orígenes judíos. Y claro, aceptamos a los conversos, y si son pocos, está bien. Sin embargo creo que hay algo fundamentalmente…  no estoy seguro de poder describirlo, un sentimiento muy profundo que nos dice que,  incluso si esto resolviera definitivamente nuestro problema demográfico, no lo haríamos. Y creo que esto debiera ser discutido porque, de nuevo, respecto del tema que estamos tocando hoy en el programa, los movimientos judíos tradicionales, tanto ortodoxos, como conservadores y también reformistas, a pesar de estar ansiosos por renovarse, no están precisamente aceptando a los conversos, y pienso que deberían hacerlo. Quiero decir, tal vez esto signifique una innovación incómoda para el judaísmo tradicional, pero puede ser muy eficaz. Creo que tendría mucho poder.

Y creo que eso se conecta con otra pregunta que quiero hacerte. Así que creo que podrás contestar ambas. ¿Tú crees que exista esta idea de mantenernos a salvo, es decir, que no debemos arriesgarnos a hacer cosas que puedan desestabilizar todo el sistema? ¿Piensas que es preferible que el judaísmo no crezca mucho a cambio de mantener un cierto control sobre las cosas? Porque, como dices, no sabemos qué pasará con los judíos de las comunidades globales, de la periferia. Puede que sean ortodoxos, pero puede que inventen una forma completamente nueva de judaísmo.

Y me pregunto cómo ves tú, un rabino conservador, las leyes de las consecuencias involuntarias. Parece que será difícil evadir estas leyes, a menos que estés dispuesto a abandonar completamente el internet, lo cual la mayoría de las personas no está dispuesta a hacer. Pero está también la cuestión de hasta qué punto se puede uno apegar a estas consecuencias involuntarias. Pues tal parece que cualquier cosa que hagamos para hacer llegar el material a la gente, tendrá que enfrentarse con el hecho de que, incluso si creo que lo que hago es sumamente responsable, que transcurre poco a poco, desatará una serie de eventos que involucrarán a la gente y la harán llevar esto hasta sus últimas consecuencias. ¿Qué piensas de eso?

Juan Mejia: Tengo un grupo de amigos (compartimos nuestro propio “pequeño espacio secreto”) y todos somos conversos que nos volvimos rabinos, lo cual, por cierto, significa un crecimiento demográfico y digo demográfico porque pienso que se volverá muy importante en Estados Unidos en las próximas décadas, pues seguimos creciendo.

Entre quienes se están ordenando como rabinos y son mujeres o pertenecen a la comunidad lésbico gay, la curva comenzó a ascender. Y no ha sido tan publicitado o tan controversial,  pero creo que este fenómeno tiene un gran poder de cambio. ¿Sabes cuántos líderes judíos ordenados en el Seminario Teológico Judío (JTS), en el lapso de una década, eran conversos? ¡Un tercio!

Así que la cifra está creciendo, y estos son rabinos y rabinas, que no tienen ni un abuelo ni una abuela judíos. ¿Qué significa esto?  ¿Qué quiere decir que no tengan abuelos o abuelas judíos? ¿Qué significa para su judaísmo? ¿De qué se trata su judaísmo? Lamentamos toda esa discusión hacia el interior de la comunidad judía acerca de la “erosión demográfica” y eso es realmente frustrante, porque lo que estamos viendo es una ola apabullante. Así que la gente llora sobre mojado a orillas de la playa y le da la espalda al tsunami. Y el tsunami no es intencional, es inevitable.

No tenemos que buscar conversos. No tenemos que tocar puertas. Lo que deberíamos hacer es prepararnos institucionalmente  para lidiar con la creciente ola de interés en el judaísmo. Y parte de esa preparación implica estar dispuestos a admitir un cierto nivel de molestia por parte de aquellos judíos que no son como nosotros. Ni étnica, ni política ni racialmente.

Vivimos en Oklahoma, que es un estado de centro-derecha, por decirlo delicadamente, y tenemos un número considerable de conversos en nuestras congregaciones en todo el estado. Cuando mi esposa invita a rabinos de otras partes del país para acompañarla en los batei din (jurados rabínicos), para alguna conversión, a veces resulta incómodo. Estas personas no cuentan como judíos. Al menos como lo que la Ley judía reconoce como tal. Creen en la Torá,  creen en la historia judía, se ven a sí mismos conectados con el judaísmo y, además, una vez que se han convertido, son halájicamente miembros del pueblo judío.

Uno de los grandes beneficios que ha dado el judaísmo en Estados Unidos, es el de trascender esta trágica relación de diáspora que hemos tenido con los gentiles por más de 2000 años. Y esto se debe a que la mayoría de los judíos en Estados Unidos tienen al menos un abuelo o abuela no judío (a) y tienen un esposo o esposa, amigos, familia y compañeros de trabajo que no son judíos. Y esto pronto sucederá también con los rabinos. Conozco a muchos rabinos que tienen una abuela católica, un abuelo irlandés,  o que tienen ascendencia afroamericana o nativo americana

Empecemos por replantearnos el término “goy” (que es la palabra hebrea para gentil, no judío) porque el gentil ya no es el cosaco que viene a quemar las aldeas (tal vez pueda seguir siéndolo, pues aún quedan algunos anti semitas en el mundo), pero el goy es también mi abuelo, mi madre, mi padre, la gente con la que aprendí Torá.

La gente se sorprende mucho cuando les cuento mi propia historia como converso. Me preguntan,  “¿Cómo lo tomó su familia?”  Y les contesto, “Mire, al principio fue duro para ellos, pero finalmente, cuando hablábamos yo les decía ‘los valores religiosos que ustedes me inculcaron son los que me trajeron aquí. Yo estoy viviendo la ética y el amor y la pasión por Dios que ustedes me enseñaron, pero de otra manera… Ustedes son mis rabbeim, mis maestros de religión.’ ”

Uno de mis rebbes, (maestros), que lo es de una forma profundamente espiritual, es el director de mi escuela católica en Colombia. Él me enseñó todo lo que sé acerca de la devoción, del trabajo duro, etcétera.  Así que puedo integrar parte de mi crianza como benedictino a mi judaísmo. Eso no me vuelve cristiano, pero sí enriquece mi judaísmo.

Lex Rofes:  Muchas gracias por todo lo que nos has regalado hoy. Es realmente hermoso e inspirador, (creo que conviene usar ambos términos) haber escuchado tu historia. ¿Hay algo más que quisieras añadir a propósito de alguno de los temas que tocamos hoy o algo que consideres importante para nuestro auditorio?

Juan Mejia: Uno de los aspectos de mi trabajo que casi nunca sale a relucir es el de que la gente piensa que estoy haciendo un judaísmo en español foráneo, para centro y sur América, y no es así. Hay una cantidad asombrosa de judíos hispanoparlantes aquí, en Estados Unidos. Es una de las cosas que estamos empezando a notar. La gran cantidad de judíos latinoamericanos, tanto de nacimiento como por elección, por inmigración, y que se están volviendo parte del mundo judío norteamericano, es algo que se desconoce. Y son personas que tienen una relación muy distinta con las instituciones, con la comunidad y con la Torá.  Y en muchos casos, han sido innovadores. Por ejemplo, ¿de dónde son los rabinos de B’nai Jeshurun en Nueva York? De Argentina. Trajeron consigo el judaísmo que creó en Buenos Aires Marshall Meyer, de bendita memoria. Un judaísmo muy musical, muy espiritual. Y como eran personas muy talentosas, lo hicieron florecer en Nueva York.

Por eso me gustaría enfatizar las grandes oportunidades para el judaísmo que brinda esta fertilización multicultural.

Lex Rofes: Muchas gracias de Nuevo por haber venido a compartir con nosotros estas grandes reflexiones.

Juan Mejia: Ha sido un honor y un privilegio. Yo mismo soy un devoto escucha de tu programa.

Lex Rofes: Muy bien. Nos encanta escuchar eso. Es siempre muy divertido cuando nuestros invitados son también nuestros radio escuchas y, como un apunte al pie, me gustaría decir que, de hecho, Juan se puso en contacto con nosotros después de escuchar uno de nuestros episodios y ese es el pretexto perfecto para venir al programa, pues es así como nos gusta cerrar cada episodio, con una petición suya para estar en contacto, ya que hay pocas formas de hacerlo. Una es a través de nuestra página de Facebook,  Judaism Unbound, la otra es dirigirse a nuestra página web www.judaismunbound.com y, por último, a través de nuestro correo electrónico, dan@nextjewishfuture.org

Y por último, nos gustaría pedirles su ayuda económica con cualquier contribución que puedan hacer a través de www.JudaismUnbound.com/donate.

Muchas gracias por escucharnos. Esto fue Judaism Unbound.